DAVE CHAPPELLE: EQUANIMITY (2017) – Transcripción completa

2018-01-08T15:37:28+00:00January 5th, 2018|Categories: COMEDY|Tags: , |
  • Dave Chappelle: Equanimity (2017)

Original English transcript here

[“Killing Me Softly with His Song”] ♪ I heard he sang a good song ♪ ♪ I heard he had a style ♪ ♪ And so I came to see him To listen for a while ♪ ♪ And there he was This young boy ♪ ♪ A stranger to my eyes ♪ ♪ Strumming my pain With his fingers ♪ ♪ Singing my life with his words ♪ ♪ Killing me softly with his song ♪

[Dave Chappelle] Volví aquí, donde empecé, porque esta noche filmaré mi último especial de Netflix. Así es. Y luego de esta mierda… …es hora de que EE. UU. vuelva a esperar. Me fue demasiado bien. Ser negro y que te vaya bien en el mundo del espectáculo, da miedo. Debes largarte del casino antes de empezar a perder dinero. Si no te vas, puede sucederte lo mismo que a Kevin Hart. Ya saben. Es mi amigo, y si publicaron un video sexual suyo… …es cuestión de tiempo para que me ocurra lo mismo. A veces pienso en dejar la comedia y ya saben… No quiero parecer fanfarrón, pero realmente quiero dejarla porque soy muy buen comediante. Soy genial. Ni siquiera estoy exagerando. No es emocionante. Cada noche, antes de salir al escenario, pienso: “Sé que saldrá bien”. Y siempre sale bien.

Soy tan bueno escribiendo chistes que… Y no es una exageración. Escribo los chistes al revés. Escribo el remate sin pensar el contexto. Lo escribo en un pedazo de papel, que luego arrojo en una pecera. En casa, tengo una pecera repleta de remates al azar. Cada tanto, la sacudo, meto la mano, saco un papel y veo si puedo hacer funcionar esa mierda. Tomé uno para este especial. No es un remate fácil de usar. ¿Están listos? Sí. Aquí va. Les diré el remate. “Así que le pateé la concha”. Aún no dije el chiste. Sin importar cómo empiece el chiste, al final, por algún motivo… …le patearé la concha a alguien, y será muy gracioso. ¿Saben qué es lo raro? Siempre fui muy talentoso. No recuerdo no haberlo sido.

De pequeño, cuando tenía alrededor de ocho años, vivíamos en Silver Spring. Sí. Sí. Una idea errada que se tiene sobre mí es que creen que me crié en el gueto. No es cierto. Pero nunca me preocupé por corregirlos… …porque quería que la calle me acogiera. De hecho, conservé la mentira como artimaña. A veces me junto con raperos, como Nas y otros, y los desgraciados hablan de los complejos. “La vida en los complejos era salvaje”. Respondo: “Tienes razón”, pero en realidad no lo sé. No tengo idea. Mis padres ganaban lo suficiente como para vivir en la pobreza rodeados de blancos. Para ser sincero, cuando hablaban de los complejos, solía ponerme celoso. Sonaba divertido. Todos los que vivían allí eran pobres. Era justo. Si eras pobre en Silver Spring, sentías que eras el único. Nas no conoce el dolor… …de la primera piyamada en la casa de un amigo blanco. Cuando vuelves a casa, miras a tus padres como diciendo: “Tienen que mejorar. En la casa de Timmy, todo funciona”. ¿Recuerdan la primera vez que vieron eso? Era un crudo invierno y, dentro de la casa de un amigo blanco, vi que nadie usaba abrigo.

Timmy fue uno de mis primeros amigos blancos. Era buen chico. Hay tantos lugares y se muda desde Utah a Silver Spring. Supongo que su familia estaba afiliada a la iglesia mormona que hay allí. Solía juntarme con él. Un día, estábamos en su casa, y me dijo: “¿Por qué no te quedas a cenar?”. “Cielos, me encantaría, pero no puedo. Si no vuelvo antes de que oscurezca, mi mamá me matará”. Era mentira. Mi mamá tenía varios trabajos. Hacía cuatro días que no la veía. El único motivo por el que le mentí es que, en ese momento de mi vida, pensaba que la comida blanca no era deliciosa. Prefería ir a casa y freír una salchicha o algo así. Pero luego Timmy dijo algo que no me esperaba: “Qué mal que no te puedas quedar, Dave. Mamá preparó relleno Stove Top”. “¿Qué mierda dices? ¿Stove Top? Espera. Permíteme hacer unas llamadas”. Había visto los anuncios tantas veces que soñaba con probar ese relleno. Al fin había conocido a alguien que había comprado una caja. No podía perder la oportunidad, así que fingí que llamaba a mi mamá. Luego volví y dije: “Timmy, es increíble. Buenas noticias. Mi mamá me dio permiso”. Respondió: “Fantástico. Acompáñame, ayúdame a poner la mesa y luego diremos una oración”. No tenía ningún interés en poner la mesa de este desgraciado ni en decir una oración mormona loca. Solo quería el maldito relleno. Así que dije: “Me encantaría, pero primero iré a lavarme las manos”. Mi plan era sencillo. Pensaba lavarme lentamente, para que, al terminar, la mesa ya estuviera puesta y la oración dicha, y solo faltara comer. Fui al baño. Me lavé las manos muy lentamente. Habré tardado unos diez minutos. Y de repente una de sus madres se me acercó. Me dijo: “Hola. Te llamas David, ¿no?”. “Sí, señora”. “Timmy me dijo que piensas quedarte a cenar”. “Espero que no sea problema”. “No es problema. Nos encantaría que te quedaras. Pero no esperábamos compañía. Me temo… …que no tenemos suficiente relleno Stove Top… …para todos”. Así que le pateé la concha.

Señoras y señores… …les dije que soy genial. Les dije que lo diría, y aun así no se lo vieron venir. Por eso gano millones. Dios mío. Pero hay un motivo más importante por el cual dejaría la comedia. Es el verdadero motivo, que se estuvo propagando. Hablo del público. No de ustedes. Hablo del público a nivel general. Es muy difícil entretener a un país que tiene oídos tan frágiles. Todos son tan sensibles que se convirtieron en criticones de mierda. Todo lo que decimos molesta a alguien. Recuerdo cuándo empezó. Cuando hacía el Chappelle’s Show. Cuando hacía el programa… Además del programa, los fines de semana, daba conciertos. En uno de los conciertos, había una pareja hermosa en primera fila. La mujer era claramente asiática. Te dabas cuenta por la cara. El marido… Ese desgraciado era un misterio, por no decir otra cosa. No sabía de dónde era. Tenía piel color caramelo y pelo bonito. Podía ser de cualquier lado, Bangladesh, México. Era imposible de adivinar. Lo único que sabía con seguridad… …es que su mujer era una perra. También se le notaba en la cara. Él se reía y se divertía, mientras que ella miraba el espectáculo con el ceño fruncido. No entendía por qué. Hasta que, en un momento, noté que estaba embarazada. Yo estaba fumando en el escenario. Pensé: “De seguro está enojada por eso”. Empecé a apagar el cigarrillo, pero luego la oí hacer la típica tos falsa de los no fumadores. Así que seguí fumando y pensé: “No le pasará nada al bebé, perra”. Luego, para romper la tensión, le pregunté: “¿De dónde son?”. Noté que quería hacerme caer. Me respondió con condescendencia. “Soy de California. Si preguntas mi origen étnico… …soy china”. El marido se lo tomó bien. Respondió: “Soy mexicano, amigo”. “Disculpen si los ofendí con la pregunta, pero son una pareja hermosa. Señora, sin dudas dará a luz al bebé más trabajador que jamás exista”. No es un chiste malo. Se enojó mucho. Se levantó para irse, pero, antes de salir, me lanzó un último comentario: “Nunca volveré a comprar uno de tus putos DVD, Dave Chappelle”. Respondí: “Señora, con todo respeto… …los chinos no compran DVD”. El público enloqueció. Todos nos reímos y divertimos. No le di importancia. Tres días después, esta mujer le envió una puta carta a mi promotor pidiéndole que no me reservara más espectáculos porque, según ella, soy racista. Además… La citaré: “Fue insensible a la índole de mi matrimonio interracial”. Pensé: “¿En serio, perra?”. Si hubiese investigado un poco, sabría que mi matrimonio también es interracial. Así es. De hecho, mi mujer también es asiática. Sorpresa, perra. Nos vemos en Acción de Gracias. Pero mi mujer no es china. Es filipina. Así es. Y nuestros hijos parecen puertorriqueños. No me molesta el matrimonio interracial. De hecho, mi mamá es mitad blanca. Hay muchos que no lo saben. Se entusiasmaron demasiado, pero está bien. Muchos no me creen, pero es verdad. En mi apariencia, no se nota. Pero si me dejara crecer el pelo… …pensarían que están en un concierto de Katt Williams. Mi pelo es hermoso.

Pero los cabrones van demasiado lejos. No se por qué o cómo todos se volvieron tan sensibles. ¿Saben quiénes me odian más? Los transgénero. Sí. No sabía que me odiaban tanto. Esos desgraciados… Me enojé mucho por el último especial de Netflix. Es difícil. No sé qué hacer, porque a mí me caen bien. Siempre me cayeron bien. Ya saben. Solo bromeo. De hecho, creo que me burlo de todo el mundo. Como grupo, deben admitir… …que es muy gracioso. Lo siento, amigos. Nunca vi a nadie en un aprieto tan gracioso que no se lo haya tomado con humor. Nacen sintiendo que son de otro sexo, no del sexo con el que nacieron. Es bastante gracioso. Al menos, si no te ocurre a ti. Como esa mujer blanca y negra que sale en las noticias. Rachel Dolezal. Siempre lo dice, que es… Es blanca, pero se vestía de negra. Subió y llegó a la cima de la negrura. Siempre quise conocerla para poder entenderlo. Solo quiero cenar con ella para mirarla a los ojos… …y llamarla “negra” a la cara. ¿De qué mierda habla? “Me identifico como negra”. Eso dicen los transgénero. No saques tajada. No saques tajada. Hay una gran diferencia entre ella y los transgénero. A los transgénero, les creo. Tampoco los entiendo, pero sé que hablan en serio. Se cortan el pene. No necesito más pruebas. Nunca vi a nadie arrojar su pene: “No lo necesito”. No los entiendo, pero les creo y apoyo su decisión, cabrones. Pero ¿hasta dónde está dispuesta a llegar Rachel? ¿Qué está dispuesta a hacer para que los negros aceptemos que realmente se cree una de nosotros? ¿Estás dispuesta a embargar tu casa… …para invertir en música que probablemente no rinda frutos? Ni siquiera se cambió el nombre. Ni siquiera se cambió el nombre. Se llama Rachel. No puedo creerle con ese nombre. Si quieres mi apoyo, cámbiatelo por la mierda más negra que jamás he oído. Debes cambiártelo por Draymond Green. No conozco un nombre más negro. Es negro hasta por escrito. Si escriben “Draymond Green” en Airbnb… …se les cerrará la sesión automáticamente.

La gente se enoja. Se enojan por todo lo que digo. Di un espectáculo en Portland, Oregón. Me registré en el hotel bajo el nombre Charles Edward Cheese. A la noche, volví a mi habitación… …y encontré una nota, como una carta, sobre el escritorio. Estaba dirigida al Sr. Cheese. Por supuesto, supuse que el remitente era un amigo íntimo. Era imposible que alguien adivinara ese nombre. Pero, al abrir la carta, noté que no conocía al remitente. Era de un admirador. No me acostumbro a la idea de que tengo admiradores, pero me siento agradecido. Y aunque agradezca a los admiradores… …no leo sus cartas. Sería bueno que las leyera, pero para ser realista: ¿Acaso soy Papá Noel? No tengo tiempo. Quiero hacer otra mierda, como relajarme. No quiero leer deseos de extraños. Pero la leí. Ya la había abierto, así que la leí. ¿Y saben qué? Quien la haya escrito realmente me quiere. Me escribió con mucha amabilidad. Me describió lo que sintió al ver mi espectáculo, lo entusiasmado que estaba y lo mucho que se divirtió. Pero luego me dijo que cuando empecé con las bromas de transgéneros, y lo citaré: “quedó desconsolado”. Al parecer, el remitente era transgénero.
Hablaré en serio un segundo. Deben entender que, como norma, nunca me siento mal por nada de lo que digo aquí arriba. Jamás lo admitiría si no les hubiera quitado el celular. Pero fue muy extraño, porque cuando leí la carta… …me sentí mal. No me sentí mal por lo que dije. Me sentí mal por haber hecho sentir mal a alguien. Para ser sincero, no sé qué dije para ofenderlo. Sé muchos chistes de transgéneros. Pero creo… Creo que probablemente hablaba de este chiste que les voy a contar. Perdón. No es un chiste tan malo. Es un chiste verdadero. Bueno, no. Leí en el periódico que Caitlyn Jenner estaba pensando posar desnuda en un número de Sports Illustrated. Sé que no es políticamente correcto decir algo así, pero pensé: “A la mierda. Lo diré por todos los demás”. Qué asco. A veces, solo quiero leer las estadísticas. ¿Por qué quieren agregar la concha de un hombre en una revista deportiva? No me parece el lugar correcto. Pero no dije que Caitlyn Jenner fuera mala persona. No me enojo con ella ni con Sports Illustrated. Si me enojo con alguien… …es conmigo mismo. ¿Me entienden? Porque, en el fondo, sé que no tengo la fortaleza… …para evitar mirar esas fotos. Y no creo estar listo para ver lo que ella quiere mostrar. Así que Caitlyn… Por Dios, si aceptas hacerlo… …más vale que lo hagas bien. Quiero que muestres todo. Como en la revista Hustler. ¿Me entiende, señora? Hablo de separar los labios… Espero que abra los labios y se vea un pequeño pene adentro. El espectáculo está detrás del telón.

No sé por qué esa persona se ofendió. Pero les diré algo. Cuando terminé de leer la carta, en ese mismo momento, hice algo que muchos negros en los Estados Unidos no tienen tiempo o dinero para hacer. Pensé en cómo me sentía. Me hice una pregunta básica que creo que nunca había considerado: “Dave, si escribiste todos esos chistes, ¿tienes algún problema con los transgénero?”. Y la respuesta es por supuesto que no. ¿Quién mierda creen que soy? No entiendo todas las decisiones que toman las personas. Pero entiendo que la vida es difícil y que esas decisiones no te impiden vivir con dignidad, felicidad y seguridad. Pero para ser sincero… …mi problema nunca fue con los transgénero, sino con el diálogo sobre los transgénero. Creo que estas cosas no deberían discutirse frente a los negros. Es insultante escucharlos hablar de cómo se sienten en su interior. ¿Desde cuándo a EE. UU. le importa cómo nos sentimos en el interior? No puedo quitarme de encima la horrible sospecha de que el único motivo por el que se habla de los transgénero es que los hombres blancos quieren serlo. Así es. Lo dije. Si solo las mujeres se sintieran así, o si solo los negros y los mexicanos dijeran: “Me siento mujer”, nos dirían: “Cállate. Nadie te preguntó. Vamos. Debemos cosechar fresas”. Apesta al privilegio de los blancos. ¿No se preguntan por qué a Jenner le resultó más fácil cambiarse el género que a Cassius Clay cambiarse el puto nombre?

Y si soy crudamente sincero… Adelante, Dave. …el único motivo por el cual me enojé con los transgénero es que, en un club de Los Ángeles, bailé con uno de ellos durante seis canciones seguidas. No tenía idea. Luego se encendieron las luces, le vi los nudillos y dije: “¡No!”. Todos se rieron de mí. “¡Pelea!”. Pregunté: “¿Por qué no me dijiste nada?”. Luego oí su voz seductora. “No dije nada, Dave Chappelle, porque lo estaba pasando maravilloso… …y no estaba segura de qué opinarías”. “Ya sabías lo que opinaría”. Me dijo: “Me iré a casa. No quiero problemas contigo”. Respondí: “¿A casa? Solo quedan dos canciones. Bien podríamos… …terminar la noche”. Terminamos desayunando juntos. Maduren. Eso no significa que yo sea gay. Me hice una paja con sus tetas. Tenía tetas tan reales como cualquiera en Los Ángeles. Eran las dos de la mañana. Solo me froté con un extraño. Es la locura de la juventud. Uno comete ese tipo de errores de joven. Ni siquiera sé si fue un error. Solo fue una noche loca. Pero ya no lo hago.

Estoy viejo. Ahora tengo 44. Sí. Es la primera vez en la vida que siento la edad en el físico. Se siente. Es difícil. ¿Saben cómo lo sé? Me da vergüenza decirlo. Estaba en la habitación de un hotel. No mentiré. Me estaba haciendo la paja. Me la estaba haciendo con ganas. ¿Y cómo supe que estaba viejo? Me rendí en el proceso, como si nada hubiera pasado. Ya no me gusta mirarme el pene. Tiene aspecto distinguido. Es un pene viejo. Se ve viejo. Está rodeado de pelo entrecano. Mi pene se parece a Morgan Freeman en los noventa. Sin las pecas. Mi pene narra: “Dave me sacó y empezó a pajearme. Me pajeó. Pero con menos vigor que en su juventud. Ambos supimos que no saldría nada”.

Veo mi edad reflejada en mis hijos. Hace poco, llegué a casa luego de un viaje. Para que se lo imaginen, me había ido durante varias semanas. Cuando llegué, no había nadie en casa. Nadie de mi familia pensó que quizá querría verlo. Sabían cuándo volvería, pero igual nadie me estaba esperando. Fue un llamado a la realidad. Cuando mis hijos eran pequeños y yo llegaba luego de una gira, los desgraciados se me acercaban corriendo. “¡Llegó papá! ¡Viva!”. Me abrazaban y me besaban. Con el paso de los años, fueron perdiendo el interés. “Miren todos. El Sr. Promesas volvió de su viaje”. Pero ¿la casa vacía? Cuánta frialdad. Entré en la habitación de mi hijo mayor: “¿Hola?”. No estaba. Nunca le había hecho algo así, pero esta vez lo hice. Revisé sus cosas. Solo quería averiguar en quién se estaba convirtiendo. Encontré unos cuadernos y empecé a revisarlos. Estaban repletos de poemas increíbles. Era su letra. Ni siquiera sabía que escribía poemas. Luego le revisé los cajones. Abrí el del medio… …y encontré papel de fumar. Miré el papel y me di cuenta: “De aquí viene la poesía”. Se me rompió el corazón. Yo fumo marihuana, pero lamenté la pérdida de la inocencia de mi hijo. Lloré un poco. Me llevé el papel a mi habitación. Armé un porro con marihuana que tenía oculta y me drogué mucho. Luego me puse paranoico, así que dejé el papel en el mismo lugar… …para que no supiera lo que había hecho. No lo sabrá hasta que vea este especial. Sí, amigo, encontré el papel de fumar.
Es un tipo muy frío. Solo tiene 16 años, y oigan lo que me hizo. El desgraciado me llamó en la madrugada, a la una de la mañana: “Papá, no te enojes”. Sabía que había ocurrido algo muy malo. Dije: “¿Qué ocurre?”. Respondió: “Estoy bien. Recuerda que me pediste que te llamara. Estoy en una fiesta, y mi conductor designado bebió mucho alcohol. Necesitamos que nos vengas a buscar”. Dije: “¡Por Dios! ¡Es la una de la mañana! ¡Estoy completamente ebrio!”. Pero luego pensé: “Mejor yo que un niño. ¿Por qué no jugármela y pasarlo a buscar?”. Así que dije: “Iré a buscarte. Dime la dirección y voy”. Cuando me dijo la dirección, me sorprendí. “Hijo, aunque no lo creas… …estoy en la misma fiesta”.

Crecen rápido, ¿no? ¿Puedo preguntarles algo? No quiero que se incomoden. No es obligatorio que respondan. Si sale mal, lo editaremos. ¿Les resulta extraño ser los únicos blancos de la fila? Es decir, sean sinceros. ¿Se siente extraño? ¿Están preocupados? ¡Dame tu dinero! Es una broma. Tiene hielo en las venas. Ni siquiera parpadeó.

Como muchos negros de mi edad, la primera vez que voté fue hace ocho años. Sí. Vi a Obama en la televisión y dije: “Votaré a ese negro”. Recuerdo el día que voté a Obama. Voté en Ohio. Mi voto importa en Ohio porque es un estado indeciso. Pero, cuando fui a votar, vi a todos los soldados en fila. Había tantos negros en esa puta cola que ni sabía que era para votar. Pensé que era para cobrar cheques. Nos abrazamos entre todos. Los ancianos cantaban himnos, canciones religiosas y demás. Era como el veredicto de O. J. multiplicado por diez. Nunca vi a negros tan contentos.
Ocho años después, volví a ir a votar. Esta vez, en un Porsche nuevo, porque los años de Obama me trataron muy bien. Llegué temprano a votar. Cuando bajaba del auto, comprendí algo que al resto del país le llevaría una semana entender: que Donald Trump sería el siguiente presidente, porque en Ohio, a diferencia de Washington, ya se veía el resultado en el estacionamiento. Estaba lleno de camionetas y tractores. Empecé a caminar y vi una cola muy larga… …de blancos polvorientos. Sí, señoras y señores. Hablo de los blancos pobres. Les diré que nunca en la vida tuve problemas con los blancos, pero para ser transparente… …los pobres son los que menos me gustan. Traen muchos problemas. Nunca había visto a tantos de cerca. Los miré fijo a la cara cubierta de carbón. Y me sorprendí. ¿Saben qué no vi? No vi ni una cara deplorable en el grupo. Vi caras enojadas y otras decididas, pero parecía gente decente. En serio. No miento. No quiero parecer loco, pero me dieron pena. Conozco el juego. Sé que los blancos ricos llaman “basura” a los blancos pobres. El único motivo por el que lo sé es que el año pasado gané tanto dinero, que los blancos ricos me lo dijeron en una fiesta. No estoy de acuerdo con eso. Hice la cola con ellos, como todos debemos hacer en democracia. Nadie se cuela para votar. Y los escuché. Los escuché decir ingenuidades típicas de blancos pobres. “Donald Trump irá a Washington y luchará por nosotros”. Mientras tanto, yo pensaba: “Eres un desgraciado, imbécil. Eres pobre. Está luchando por mí”. Todos me miraron. Sabían a quién votaría, tal como yo sabía a quién votarían ellos. Pero ¿saben qué teníamos todos en común? Ni uno solo de nosotros parecía sentirse a gusto con lo que debíamos hacer en la cabina. Solo cumplíamos nuestro deber.

Sí, voté a Hillary Clinton. Por supuesto. La voté porque lo que ella decía me gustaba mucho más que lo que él decía. Para ser sincero, en ese momento, era como ver a Darth Vader pronunciar el discurso “Tengo un sueño”. Esa perra es malvada. Ya había arrojado a Sanders al suelo con un golpe a lo  Karate Kid. Cielos, era difícil votar esa mierda. Pero era el mal menor. Sé que apoyaba a Clinton, señora. Lamento decirlo así. No me sentí mal por votarla, pero tampoco me sentí bien, como debería. Iba a ser la primera presidenta. Iban a acuñar monedas con su cara. Y de alguna manera, perdió. Claro que debería haberle ganado. ¿Saben qué sentí al votarla? Un sabor agridulce. Me sentí lo suficientemente afortunado como para comerle la concha a Halle Berry, pero fue como si, en el medio del asunto, me hubiera tirado un pedo en la cara. Se imaginarán que igual lo haría. Pero desearía que no se hubiera tirado un pedo en la cara de nuestro país. Ese día voté y, al siguiente, viajé a Nueva York. Tenía trabajo. Esa noche, en un club de comediantes, le dije al público casi lo mismo que les dije a ustedes. No sabía que había un periodista presente. Este periodista escribió un artículo con el titular: “Dave Chappelle es un partidario ferviente de Trump”. Sí. No tenía idea del artículo. ¿Saben cómo me enteré? Al día siguiente, mi mujer me llamó en pánico desde Ohio. “David, ¿qué mierda… …ocurre en Nueva York?”. Dije: “Me porté bien, pero ¿qué escuchaste?”. Me respondió: “Según el periódico, eres partidario de Donald Trump”. Qué alivio. “No te preocupes por esa mierda. Nadie en su sano juicio creería eso”. Me dijo: “No, David. La gente lo cree”. Luego me empezó a leer los comentarios. Eran terribles. Los negros me llamaban tío Tom y cosas parecidas. Les diré que llamar así a otro negro es una acusación muy grave. Estaba indignado. “¿Tío Tom? ¿Yo soy el tío Tom? Tú eres quien lee el Observer”. En fin, ocurrió esa porquería. Llegó la noche del sábado, Trump ya era presidente, y yo presentaba  Saturday Night Live. No tenía el monólogo preparado. Simplemente, improvisé. Para cerrar, no recuerdo las palabras exactas, pero dije: “Históricamente, nos privaron del derecho al voto. Le daremos una oportunidad si él nos la da a nosotros”. No sé qué dije, pero sea lo que sea, desearía no haberlo dicho. No valía la pena. Ahora, cuando voy a la barbería, los negros me dicen: “Dave, ¿qué le ocurre a tu chico?”. “¡Oye, no! No es mi chico”. Más allá del partido o de si están a favor o en contra de él, cualquier persona objetiva debe admitir que este desgraciado lo está haciendo muy mal. En serio. Tuvimos otros presidentes que hicieron un mal trabajo, pero esta mierda es peor que eso. Da miedo verlo. Por Dios. Es como ver a tu conductor de Uber con una pipa de crack. ¿Qué mierda le pasa a este tipo? Oigan, está probando suerte. Observé a Donald Trump en una conferencia de prensa. El desgraciado reunió a todos los medios y literalmente les pidió a la cara que dejaran de averiguar cosas. Pensé: “¡Vaya! Este desgraciado está bromeando”. Y luego… No estoy inventando. Le empezaron a sudar los labios. ¡Los labios! ¿Alguna vez vieron algo así? ¿Qué mierda le pasa en los labios? Es como cuando volamos en avión. A mí me da miedo volar, aunque vuelo todo el tiempo. A veces, hay turbulencias. Me pongo nervioso, pero siempre miro a la azafata. Si la noto tranquila, me tranquilizo. Pero ¿a ese desgraciado le sudan los labios? Es aterrador. “¿Por qué te sudan los labios? ¿Qué sabes?”. Luego el desgraciado se sujetó al estrado y dijo: “No tienen idea de lo aterradores que son los informes que leo”. “Por Dios. No se supone que nos digas eso, amigo”. Implica mal liderazgo. Ni como padre le diría a mi hijo: “Oye, ven aquí. Rápido. Me quejaré un rato contigo. Debo tres meses de alquiler y estoy preocupado. Muy preocupado. Ahora ve a la escuela y ten un día productivo. Solo pensaba en voz alta. Quería desahogarme”. Es decir, ¿qué mierda haces, amigo? Es muy malo. Por Dios santo. Todas las ideas de este tipo parecen ideas de un drogado. Pareciera que no piensa las cosas antes de decirlas. Dice lo que piensa tan pronto como lo piensa. ¡Es una locura! “Iré a China. Le quitaré esos trabajos a China y los volveré a traer a Estados Unidos”. ¿Para qué? ¿Para que los iPhones cuesten $9000? Deja esos trabajos en China, donde pertenecen. Aquí nadie quiere trabajar tanto. ¿En qué mierda piensa? Quiero usar Nikes. No quiero fabricarlas. ¿Qué mierda estás haciendo? Deja de intentar darnos los trabajos de los chinos. “Volveré a traer el carbón”. ¿El carbón? No exagero. Nunca en la vida vi un trozo de carbón. Para ser sincero, ni siquiera sé para qué sirve. Si pondrás a personas a cavar en busca de alguna mierda, mejor pídeles que busquen trufas. El precio de las trufas se está descontrolando. Si sigue subiendo, deberé volver a comer mantequilla normal, como el resto. Es muy malo en su trabajo. El desgraciado amenaza a Corea del Norte como en batallas de rap: “Fuego y furia”. “¡Oye! ¿Qué estás haciendo?”. Estamos hablando de Corea. Kim Jong-un es terrorífico. Puede que esté tan loco como Trump. Da mucho miedo. Si son de esos ingenuos que creen que ganarle a Corea es fácil, se nota que no juegan al Call of Duty a las tres de la mañana como yo. Los coreanos juegan a esa hora. Anoche un coreano de ocho años venció a todo mi pelotón. Nunca vi a nadie en un puesto tan alto con soluciones tan básicas, como por ejemplo: “No debemos dejar entrar a ningún otro musulmán en el país hasta que averigüemos qué ocurre”. ¿Acaba de decir “hasta que averigüemos qué ocurre”? ¿Quién no sabe hacer cuentas? Contemos juntos, ¿sí? Hubo 17 tiroteos en masa en los Estados Unidos. Los musulmanes organizaron cuatro. Ninguno de ellos pertenecía a ninguno de los siete países que enumeraste en tu estúpida prohibición. Y ya que él lo mencionó, los blancos con antorchas tiki organizaron los otros 13 tiroteos. Son hechos. Yo no prohíbo la entrada de blancos en mi espectáculo para mantener a salvo al resto del público. Es una idea terrible, porque es cruel y racista. Y más importante aún… …arruinaría por completo mi recaudación. Si no hubiera blancos en el teatro, saldría de aquí con $1800. Este hombre necesita darse cuenta de que nos necesitamos. Por eso es que jamás podremos vencer a China, porque en Estados Unidos todos son racistas, mientras que, en China, todos son chinos. El desgraciado se equivocó. Tampoco les crean a los medios, porque mientras ocurre esto, los medios intentan hacernos creer que lo acostumbrado es estar en extremos opuestos. Podemos estar en desacuerdo. Está bien. La mayoría de nosotros mantenemos la calma frente a todo esto. ¿Me entienden? Los estadounidenses suelen respetar las creencias de los demás aunque no estén de acuerdo. En mi caso, es así, respeto las creencias de todos, salvo las de los menonitas. Es el único caso en el que puedo decir sin dudas: “Su dios está equivocado”. En Ohio, el límite de velocidad es de 120 kilómetros por hora, y ellos bloquean un carril con una puta calesa tirada por caballos. Oigan, su dios es ridículo. Todos los menonitas que se me cruzan me conocen. No de la televisión, por supuesto. Me conocen de la calle. Porque cuando los veo en sus calesas, detengo el Porsche para hablarles. “Ezekiel. ¿Estás seguro de que Dios no quiere que disfrutes de esta tecnología? No te oigo, amigo. Permíteme apagar el aire. ¿Qué dijiste?”. Y ellos me responden: “¡Aléjate de mí! Intentas tentarme como el diablo”. “¿El diablo? No, amigo. Intento enseñarte a vivir, Zeke. El mundo es muy grande. Recorrí 40 kilómetros en 30 minutos. Ese trayecto te lleva todo el día. Ni siquiera sabes cómo estará el clima mañana, ¿no? Yo sí. Ni siquiera sabes que tienes un Pokemon valioso detrás de ti. Hasta luego”. Y luego me voy. – Oye, el cigarrillo. – ¿Qué? Necesito ese cigarrillo. – ¿El electrónico? – Quiero una calada. ¿Quieres una calada? Disculpa, amigo. No quiero contagiarme de herpes. Hace 30 años que juego al gato y al ratón con el herpes. Siempre que voy al club, pienso: “Esta noche no, herpes”. No busco faltarte el respeto. No digo que tengas herpes. Pero una de cada cinco personas sí, así que tengamos cuidado con esa mierda y asegurémonos de irnos con los mismos labios con los que llegamos. A veces pienso que los medios son muy duros con Trump. Lo critican por cosas que no me parecen tan malas. Lo critican por no quedarse el tiempo suficiente en la Casa Blanca. ¿A quién mierda le importa? Es rico. Solía cagar en un retrete de oro. Es cierto. No sé si fueron a la Casa Blanca. Parece un buen sitio para trabajar, pero yo tampoco querría vivir en esa casa salida de Scooby-Doo. Tiene un aspecto aterrador. Imagínense intentar pajearse en la cama frente a la mirada de Lincoln. Bush tampoco se quedó. Él también era rico. Dijo: “A la mierda. Me iré a mi rancho en Texas”. Obama fue el primero en mudarse a la Casa Blanca y decir: “Es muy bonito. Miren esta alfombra”. Los medios lo criticaron por nombrar a Jared Kushner. No me pareció tan terrible. Aún era temprano para opinar. Ya había pasado. Kennedy nombró ministro de justicia a su hermano, ¿no? Es un intruso en Washington. Probablemente yo haría lo mismo. De hecho, lo hago. ¿Creen que voy solo a las reuniones de Hollywood con todos esos blancos? Llevo conmigo a mi amigo Mac Mittens. Ni siquiera sé su verdadero nombre. Todos lo llaman por su apodo. No está capacitado ni para escuchar esas reuniones, pero me hace sentir bien. Los blancos me dicen: “¿Le pedirías a tu amigo que se retire para que podamos hablar de negocios?”. Y respondo: “Claro que no. Mac Mittens puede oír cualquier cosa que quieran decirme”. Escucha toda la reunión. Al terminar la charla, lo miro. Si me da la señal… …firmo los documentos. Sigo su instinto. ¿Qué tal esto? ¿Recuerdan que, al día siguiente de las elecciones, el presidente de Taiwán llamó a Trump para felicitarlo? Por supuesto, Trump aceptó la llamada y habló con el presidente de Taiwán. El problema es… …que Taiwán no tiene presidente. Estados Unidos reconoce el principio de “una sola China”. Taiwán es una provincia renegada de esa China. Donald Trump no lo sabía. Atendió y empezó a vociferar. Los medios se lo comieron crudo. No mentiré. Me reí de él. “Mierda. El imbécil se metió en problemas”. Pero esa noche, cuando me estaba quedando dormido, tuve que admitirlo. “Yo tampoco sabía esa mierda”. Luego noté que los medios no habían contado bien la noticia. Lo importante no es que Trump haya atendido. Lo importante es que nadie le dijo que no atendiera. Eso es aterrador. Por Dios, ¿no tienes un Mac Mittens en tu equipo? No llamaban a la Casa Blanca. Cualquiera llamaba a Trump Tower y le pasaban la llamada. “Señor presidente, un tal Rikki-Tikki-Tavi quiere hablar con usted”. “Sí, pásamelo. Hola, Rikki-Tikki. Un placer hablar contigo”. “Quiere hablarle un tal John Jacob Jingleheimer Schmidt”. “Vaya, se llama como yo. Pásamelo. Hola, John Jacob. Hablemos de negocios”. ¿Cuántos de los presentes no nacieron en los Estados Unidos? Aplaudan. ¿De dónde eres, amigo? Tú. De Irak. ¿Eres de Irak? Estaba bromeando. ¿Hace cuánto vives aquí? – Hace 23 años. – ¿Hace 23? ¿Ya eres ciudadano? ¿Sí? Felicitaciones, amigo. Bienvenido a este gran país. Te daré una clase de historia. Seguro que esto no estaba en el examen de ciudadanía. Todos los estadounidenses nacionalizados oyeron hablar de esto. Imagínate el país a principios de la década de 1950. Un niño de 14 años va desde Chicago hasta Misisipi para conocer a unos parientes lejanos. No conocía Misisipi. Antes de salir, su madre le dijo, con mucho énfasis: “Si un blanco te mira a los ojos en Misisipi, aparta la mirada”. No sé qué sabes sobre los negros de Chicago, pero no son asustadizos. Según la leyenda, estaba frente a una tienda, pasándolo bien con sus primos, cuando una mujer blanca salió de la tienda. Le pareció bonita, así que le silbó. “Adiós, cariño”. No se dio cuenta de que había cometido un error fatal. Cuatro días después… Cuatro días después, un grupo de blancos adultos irrumpieron en la casa de la familia y raptaron al niño de su cama, enfrente de su familia, que no pudo hacer nada para impedirlo. Nunca lo volvieron a ver vivo. Se llamaba Emmett Till. Encontraron su cuerpo unos días después. Estaba en un arroyo, atado a una rueda, para que se hundiera. Estaba todo golpeado e hinchado. Horrible. Por suerte, para todos los estadounidenses, su madre no se dejaba. Así es. Como se imaginan, la mujer vivió la peor pesadilla de una madre, pero aun así tuvo la previsión de pensar en todos. Dijo: “Dejen abierto el ataúd de mi hijo. Todos tienen que ver lo que le hicieron a mi bebé”. Y en todas las publicaciones del país, desde la revista Jet hasta el  New York Times, salió, en primera plana, la foto del cuerpo hinchado del niño. Si el movimiento por los derechos civiles hubiera sido un auto, el cuerpo del niño era como gasolina de lujo. Fue un momento determinante en la historia del país. Cualquiera pensante y con sentimientos dijo: “Debemos mejorar”. Lucharon con valentía, y aquí estamos todos. El motivo por el cual lo menciono esta noche, por el cual es relevante, es que, hace menos de un año, la mujer a quien supuestamente le silbó admitió en su lecho de muerte que mintió ante el tribunal. Como se imaginarán, cuando leímos esa mierda, pensamos: “Maldita perra mentirosa”. Estaba furioso. Esa fue mi primera reacción. Al crecer, aprendimos que las primeras reacciones a menudo están mal o incompletas. Este fenómeno se llama “estar muy cerca del elefante”. Según la analogía, si estamos muy cerca del elefante, no podemos verlo. Solo vemos su piel parecida al pene. Hay que dar un paso atrás para observarlo mejor. Luego de dar un paso atrás y pensarlo unos minutos, comprendí que a esta mujer debe de haberle sido muy difícil contar una verdad tan atroz sobre ella misma en cualquier momento, incluso al final de su vida. Agradecí que tuviera el valor de decirlo antes de irse de este mundo, porque es una verdad importante y necesitábamos saberla. Así que pensé: “Gracias por decir la verdad, maldita perra mentirosa”. ¡Sí! Entonces, pasa el tiempo. Con el paso del tiempo, empiezas a ver todo el elefante. Te llenas de humildad, porque comprendes que la mujer mintió y que esa mentira condujo a un asesinato. Pero ese asesinato puso en marcha una secuencia de sucesos que hicieron posible mi vida maravillosa, que hicieron posible esta noche. ¿Cómo puede ser que esta mentira convirtió al mundo en un lugar mejor? Es exasperante. Eso es lo que pienso de nuestro presidente. Ese desgraciado puede ser la mentira que nos salve a todos. Porque nunca me he sentido más estadounidense que cuando lo odiamos todos juntos. Por Dios santo. Eso es bueno. Cuando eso ocurre, veo a todos los que están luchando. Si digo un chiste que los incentiva a golpear a un transgénero, es probable que sean una mierda, así que no vuelvan a verme. O si no entienden que, cuando un jugador de fútbol se arrodilla durante el himno, se está alzando en mi defensa, entonces no querrán meterse conmigo. Les juro que, por más que todo empeore, son mis compatriotas, así que sé con seguridad que quiero resolver nuestras diferencias. Si esa mujer que dijo esa mentira atroz estuviera viva hoy, le agradecería por haber mentido. Y luego le patearía la concha. Muchas gracias, Washington D. C. Que Dios los bendiga. Buenas noches.

[“Reaching Through the Darkness”] ♪ Reaching through the darkness… ♪ ♪ Just like Him Breaking through the darkness ♪ ♪ Hey, yo, Material All right, could dry the tears ♪ ♪ Of a thousand peers For a thousand years ♪ ♪ And a thousand cheers Born to erase my fears ♪ ♪ I’m better off living life Where Jesus is ♪ ♪ Not an atheist But them Christian kids ♪ ♪ A little too judgmental About my sins ♪ ♪ And I aim to win But I miss the mark ♪ ♪ Paul, Peter and Joseph Will now depart ♪ ♪ But I follow my heart Without any disguise ♪ ♪ Blood dripping from my sleeve ‘Cause my heart don’t see ♪ ♪ That intentions are public With smiles and positivity ♪ ♪ Behind a fake is a snake That could murder me, murder! ♪ ♪ Life’s filled With things you never heard-a ♪ ♪ Been trying to get in Since niggas was really word up ♪ ♪ Struggles that I’ve been through Make the average man curl up ♪ ♪ Godson, “Coming, Grandma” Saying, “Hurry up!” ♪ ♪ Yeah! ♪ ♪ Reaching out for dreams Just like me ♪ ♪ Reaching through the darkness ♪ ♪ Glorious as a daybreak is ♪ ♪ Just like Him Ringing through the darkness ♪ ♪ Hey, yo Scriptures I spit ♪ ♪ They be glossy in nature ♪ ♪ Themes that I dream in my mind Might save ya ♪ ♪ I am no savior Seen as an ambassador ♪ ♪ And dance around the bull With a cape like a matador ♪ -I’m rich, biatch!

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